domingo, 6 de septiembre de 2009

Donde está la derecha?


¿Que fuerzas sociales actúan en la actual coyuntura electoral? La primera respuesta que habría que despejar en esto es ¿Dónde esta la derecha? Porque sucede que para el MAS todo lo que esta fuera de su control hace parte de ella. Para no ser de la derecha tienes que aceptar como normal que se violen tus derecho individuales, que se encarcele gente sin del Debido Proceso, que se suprima el Poder Judicial, que se secuestren ciudadanos pistola en mano, que se los torture psicológicamente, que se los encáresele pisoteando todo los requisitos procesales, que se acepte como normal un contralor diputado del MAS, que se encarcele un prefecto sin siquiera acusación, que se viole el derecha de informar y la libertad de prensa, etc. Si todo esto es asimilado por un ciudadano como “normal”, como parte del “cambio” eres un revolucionario antifascista y decidido a exterminar la “derecha neoliberal” del país. Eres un hombre de izquierda.

Por el contrario, si defiendes tus libertades, si te subleva el avasallamiento de los derechos humanos, si te saca de quicio la utilización de paramilitares como grupos de choque, si crees que cercar el parlamento para evitar el ingreso de diputados opositores y aprobar leyes con suplentes vendidos es normal, entonces eres un reaccionario derechista, neoliberal antirrevolucionario digno de azote y proscripción. Resulta que el régimen a logrado hábilmente invertir los términos y crear imaginarios perversos; quien se apega a Ley y respeta los derechos humanos es de derecha, quien los pisotea es de izquierda, y además revolucionario.
El MAS cree que transgredir el orden establecido sacrificando las libertades y los derechos es condición suficiente para ganarse el calificativo de “revolucionario”, y de inmediato asume que las revoluciones son un patrimonio exclusivo de la izquierda progresista. Obvian de forma voluntaria la realidad histórica evitando mencionar que Mussolini y Hitler hicieron su propia “revolución” utilizando los mismos mecanismo que el actual régimen, y no por ello fueron de izquierda, todo lo contrario, hicieron por primera vez posible, el surgimiento de la expresión mas radical de la derecha; el fascismo
Si restituimos los contenidos históricos de estas categorías resulta que los que defienden la libertad son los sujetos que formaron las fuerzas democráticas cuya acción histórica logró arrancarle a las dictaduras militares el monopolio del terror (1964-1982). Los que aprueban como normal la violación de las Leyes tal cual mencionamos líneas arriba, pertenecen históricamente a las fuerzas antidemocráticas. A la dictadura. De todo esto se desprende que el actual régimen esta en la línea de la dictadura antidemocrática de derecha y la oposición se pertrecha en las filas de la democracia siguiendo la línea de la izquierda democrática que durante 18 años lucho por el derrocamiento de la dictadura militar el 82. La contienda esta dada pues, entre el fascismo frente a la izquierda democrática nacional.

En la actual coyuntura la “Madre de todas las batallas” se da entre estas dos fuerzas sociales, aquellos que consideran que una alianza frente al régimen constituye un acto viciado por el pasado de sus protagonistas, o porque las visiones son diametralmente diferente entre ellos, o por cualquier otra razón, no hacen mas que asumir una posición funcional a la dictadura y denotan la naturaleza derechista que los anima. La derecha reaccionaria de este país esta en aquellos que se niegan a sumar fuerzas a un bloque que haga frente al régimen masista, son sin duda, la quinta columna del fascismo.

domingo, 9 de agosto de 2009

Una litografía del 900


La semana pasada la opinión pública se entero de que el gobierno emprenderá una depuración administrativa en el sector público fundamentada en la necesidad de contar en cada unidad de gestión del Estado con funcionarios pluriculturales. “Según el nuevo perfil del empleado público elaborado por el Ejecutivo, (éste) debe ser eficiente y eficaz, solidario, honesto, creativo, proactivo, no discriminador, facilitador y, sobre todo, “comprometido con el cambio” que impulsa el Gobierno del presidente Evo Morales.
El director nacional de Gestión Pública y ex constituyente del Movimiento Al Socialismo (MAS), Raúl Prada, -dice la publicación- afirmó que “se dará oportunidad a todos”, pero los que no encajen en el nuevo modelo de administración del aparato estatal, “obviamente”, no podrán ser parte de él, “porque no será un espacio de privilegios personales”.
“Necesitamos servidores públicos que realmente respondan a esta revolución cultural de las conductas y comportamientos, y en ese sentido hay que abrirse al conjunto de la población”. Además, “no debe ser soberbio sino humilde” (sic!) (La Prensa 17 de Julio 2009) No cabe la menor duda; es la más noble de las pretensiones, sin embargo: ¿Cómo piensa el Director de Gestión Pública identificar tan nobles cualidades? ¿Qué criterios podrían dar cuenta –en un proceso de selección de recursos humanos- con un mínimo de ecuanimidad y transparencia de la naturaleza “eficiente y eficaz, solidaria, honesta, creativa, proactiva, no discriminadora facilitadora y, sobre todo, “comprometida con el cambio”? Al leer las palabras del Director General me viene a la memoria los elaborados protocolos que los nazis inventaban a efectos de identifica el modelo del ciudadano “puro” (por supuesto racialmente puro), o los esfuerzos de Mussolini por construir el “ciudadano fascista” a través de la extensa red de escuelas que había montado con la cuarta parte del presupuesto nacional de educación. En el fondo queda claro que el intento va de la mano con la embestida gubernamental por homogenizar la sociedad nacional, En la óptica estatal actual la Revolución Cultural requiere “conductas y comportamientos” estándar, nadie se contradice, nadie piensa diferente. Es un esfuerzo propio de los regímenes totalitarios cuya mayor aspiración es poseer una categoría homogénea de individuos, todos igualitos, mucho más los empleados del estado, todos con los mismos argumentos y en el horizonte final, una ecuación social e ideológica idéntica para todos, lo que garantiza que todos “encajen” en el modelo unilineal del Estado. El optimo posible de este funcionario pluricultural produce exactamente lo inverso: un sujeto monoplural, unidimensional, unilineal, cero divergencia, cero oposición, una litografía del 900 como diría Céspedes.
La propuesta del gobierno lejos de contribuir en la construcción de un ciudadano pluricultural (que a claras luces sería lo mejor) se resume en una sola sentencia: si no eres como lo que necesitamos estas fuera. En la jerga oficialista esto se llama “descolonizar” la administración de las instituciones del Estado” (DS 212), empero, en el contexto en que se utiliza de forma tan reiterativa el concepto “descolonizar” o el de “pluriculturalidad”, -más allá de las palabras y los argumentos imaginativos o mentirosos a los que nos vamos acostumbrando- el propósito huele a eliminar toda huella de divergencia, una burda cubanización de los aparatos de Estado.